Era enero del año 1999. Tiempos donde los periodistas de la Asociación Nacional, Filial Andahuaylas, no tenían un centavo, pero contaban con algunas experiencias huamanguinas en organizar carnavales. Evaluaron la propuesta escrita y decidieron 8 periodistas realizar una campaña por medios informativos radiales locales y nacionales. Las bases del primer concurso consideraban el 70% de la calificación a “nuevas melodías de carnaval y originalidad”.
Llegó febrero y gestionaron premios. Roberto Mejía Alarcón, Presidente Nacional de la Asociación Nacional de Perioditas donó “La Tinya de Oro” valorizada en S/.2,500.00 soles. Pronamachs obsequió dos módulos de picos, palas, arados mejorados y rastras. Mediante una colecta se compró “La Quena de Plata”.
Los primeros días de marzo, el Coliseo Cerrado estuvo lleno de espectadores y danzantes. En esa “I Versión del Carnaval Andahuaylino” obtuvo el Primer Premio “La Tinya de Oro” la agrupación “Qoyllur de Talavera”, el premio fue entregado por Marcos Willems. El segundo lugar “Quena de Plata” lo ganó el grupo “Qoñeqpukio”. El tercer lugar, “Los Chullus de Saqlaya”. En esa ocasión todos los grupos campesinos fueron premiados con herramientas.
Se continuó realizando este festival a cargo de los periodistas hasta el 2002. El 2003, se organizó por primera vez el Pukllay.

En las ediciones posteriores los grupos concurrían al coliseo por los premios en dinero, descuidando el carnaval de sus barrios y el “watukanakuy” (visita de encariñamiento en carnavales con comida y bebida). Desde la visión andina, más que creadores, somos criadores y ya no estamos criando la diversidad de los carnavales, sino homogeneizando, teatralizando, danzificando, elenquizado y artificializando. La sirena ya no inspiraba la crianza de nuevas melodías, tejidos y comidas. Las cataratas ya no otorgaban tonadas bonitas a la tinya colgada debajo de la cascada. Las danzas de los carnavales eran para complacer gustos de los “jurados descalificadores”. El carnaval ya no era para el ayllu extenso: el río, los puquiales, los maizales, la abuela, el vecino, el carnero, la nube, los seres espirituales.
Ahora que hemos llegado a la VIII versión del Pukllay (juego de la mocedad en puquy tiempo o tiempos de bonanza chacarera de febrero), soñamos que haya un watukanakuy panandino de Amèrica Profunda, desde lo propio hacia la comprensión del mundo.
Visibilicemos y reavivemos nuestros propios olores, colores, sabores, sonidos, texturas y relaciones familiares del carnaval agro y agua festiva.